El reciente Foro de Encuentro entre el Gobierno de España y las Comunidades Autónomas ha marcado un punto de inflexión en cómo las administraciones públicas abordan la transformación digital. Por primera vez, el debate no se ha centrado en convencer sobre la importancia del dato o la necesidad de modernizar procesos, sino en ejecutar una estrategia coherente que permita el despliegue de la IA para aprovechar todo su potencial. Todo ello poniendo en valor la importancia de contar con una base sólida de datos bien gobernados que sean útiles para la ciudadanía.
Las conclusiones del encuentro, articuladas en mesas de trabajo especializadas, trazan una hoja de ruta que confirma la madurez alcanzada. Lejos de centrarse únicamente en aspectos tecnológicos, el foro ha puesto el foco donde realmente está el desafío: en los obstáculos culturales, organizativos y de gobernanza que determinarán el éxito o el fracaso de esta transformación en los próximos años. El debate se desarrolló en tres mesas de trabajo:
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Mesa 1: Desbloqueando el dato, de la Norma a la Práctica
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Mesa 2: Orquestación del Dato, ¿Sinfonía o Cacofonía de Roles?
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Mesa 3: Espacios de Datos Sectoriales, el Impulso Público al Valor del Mercado
En este post te contamos las principales conclusiones.
El dato como activo estratégico: de la teoría a la práctica
El punto de partida de la primera mesa del foro fue entender que el principal desafío para convertir el dato en un activo estratégico ya no es tecnológico. Las administraciones cuentan hoy con soluciones robustas, estables y capaces. El verdadero obstáculo es cultural: superar la visión del dato como una carga y consolidarlo como un motor de innovación y de servicio público.
Romper esta inercia, según los participantes en el foro, requiere un liderazgo decidido capaz de alinear marco normativo y capacidades tecnológicas. Y, en este cambio, la inteligencia artificial se perfila como el catalizador porque pone de manifiesto el valor oculto de los datos y, sobre todo, porque no puede funcionar sin superar los tradicionales silos administrativos que todavía fragmentan la información pública.
Uno de los mensajes más repetidos en esta mesa fue el temor aún extendido a compartir información entre organizaciones. El miedo a asumir responsabilidades genera barreras que limitan el potencial de los datos públicos. Para revertir esta situación, se subrayó la necesidad de combinar mandatos claros con incentivos potentes. No basta con ordenar; hay que convencer mostrando utilidades reales. Los casos de uso atractivos y de beneficio mutuo se revelan, así, como una herramienta fundamental para fomentar la colaboración.
En relación con esto, la seguridad jurídica ocupó también buena parte del debate. Aunque suele esgrimirse como razón para frenar proyectos, los participantes subrayaron que no debe convertirse en excusa para la parálisis. El camino pasa por clarificar, simplificar y armonizar las normas, evolucionando desde un enfoque excesivamente legalista hacia un modelo basado en la confianza y en el valor social que genera el uso responsable del dato.
Además, se destacó el papel clave de la colaboración público-privada. Las empresas no solo aportan tecnología: también pueden acelerar la innovación si se sienten partícipes de un ecosistema estable y de confianza. Para ello, las administraciones pueden ofrecer garantías de soberanía y utilidad, y, en caso de falta de reciprocidad, recurrir a la regulación en contratación pública para asegurar la participación.
Coordinar roles para que la orquesta no desafine
Por otro lado, en la segunda mesa se abordó uno de los grandes retos de la Administración pública: coordinar a los múltiples perfiles necesarios para gestionar, proteger y explotar el dato en un contexto cada vez más orientado a la IA. Hoy en día cualquier administración puede contratar las mismas plataformas cloud o herramientas de análisis. La tecnología se ha democratizado. Lo que realmente diferencia a una organización de otra es la riqueza, calidad y gobernanza de sus datos.
Por lo tanto, para que la organización funcione como una orquesta afinada es imprescindible la sincronización de roles. En este sentido, la mesa subrayó la necesidad de un liderazgo estratégico superior desde la figura del CDO (Chief Data Officer) capaz de establecer las prioridades de negocio y coordinar al equipo. Su legitimación debe venir desde los máximos niveles de la organización, pues sin ese respaldo es difícil impulsar los cambios organizativos y culturales requeridos. El CDO no es un rol meramente técnico porque, además, desarrolla un papel clave para orientar la gobernanza del dato desde la perspectiva de la utilidad y del impacto.
También los roles tradicionalmente asociados al cumplimiento normativo deben evolucionar. El Delegado de Protección de Datos (DPD)debe convertirse en un socio estratégico, corresponsable del riesgo y partícipe activo de la toma de decisiones. Solo así podrá acompañar el despliegue de proyectos innovadores basados en datos.
Uno de los consensos más relevantes fue el papel central de la calidad del dato. Aunque suele percibirse como una barrera que ralentiza la innovación, la realidad es justo la contraria: la calidad es un requisito innegociable para desarrollar algoritmos éticos, robustos y válidos. La IA no puede construirse sobre datos opacos, inconsistentes o no trazables sin poner en riesgo la confianza ciudadana.
Además, se destacó el valor que aportan disciplinas históricamente consolidadas dentro de la Administración, como la estadística, la cartografía o los datos abiertos. Lejos de ser un ancla que ralentiza la modernización, estas especialidades son un motor: su integración desde el origen de los procesos garantiza que los sistemas de IA se alimenten de datos verificados, trazables y de máxima calidad.
Como conclusión, la mesa propuso avanzar hacia equipos multidisciplinares donde ingenieros, expertos de negocio y responsables legales trabajen de forma conjunta durante todo el ciclo de vida del dato, evitando las tradicionales compartimentaciones que tanto lastran los proyectos digitales.
Espacios de Datos Sectoriales: del impulso público al mercado real
La tercera mesa centró su análisis en un elemento clave para la economía del dato europea: los Espacios de Datos Sectoriales. Las administraciones públicas españolas mostraron un compromiso firme con estos desarrollos, apostando por un rol de impulsoras, facilitadoras y garantes de la confianza.
El mensaje fue directo: estos espacios deben evolucionar hacia modelos de negocio sostenibles. Las subvenciones públicas pueden servir de impulso inicial, pero no pueden sostener proyectos que no generen valor real para el mercado. La demanda, y no solo la oferta de financiación, debe validar la viabilidad de estas iniciativas a medio plazo.
Uno de los retos identificados es el escalado de proyectos que nacen en ámbitos regionales hacia dimensiones nacionales. Para lograr un impacto significativo resulta imprescindible una visión compartida y una colaboración estrecha entre Comunidades Autónomas (CCAA), algo que el Foro ha reforzado precisamente con este tipo de encuentros. Uno de los objetivos clave de la Estrategia de Inteligencia Artificial 2024 y de la reciente Estrategia Unión de Datos es que las PYMES participen activamente. Para ello, hay que simplificar barreras técnicas y comunicar la propuesta de valor de forma clara, en un lenguaje orientado al negocio y no al tecnicismo.
Finalmente, se pronunció un mensaje optimista sobre el talento. Aunque existe preocupación por la capacidad del sector público para atraer y retener perfiles especializados en competencia con el ámbito privado, la mesa rechazó la idea de resignación. La Administración no está condenada a un papel secundario si es capaz de reforzar y potenciar su talento interno. La transformación digital requiere liderazgo desde lo público, y este liderazgo es posible con estructuras adecuadas, oportunidades de crecimiento y una visión compartida.
Conclusión: un salto cualitativo hacia la madurez
El Foro CCAA 2025 ha servido para consolidar una visión colectiva y madura sobre el papel del dato en la Administración. Superar los silos, coordinar roles, simplificar las normas, garantizar la calidad del dato y generar modelos de negocio sostenibles son pasos imprescindibles para que la IA y la economía del dato generen valor real para la ciudadanía.
España avanza hacia un modelo en el que las administraciones dejan de centrarse en la herramienta, para poner el foco en la utilidad; un modelo donde la colaboración —entre organismos, con el sector privado y entre territorios— es la clave para desbloquear el verdadero potencial de los datos públicos.