Con toda la probabilidad la mayoría de nosotros conoceremos, o habremos al menos oído hablar de la tecnología blockchain, por su relación con la criptomoneda más popular del momento – Bitcoin. Sin embargo, blockchain no es una tecnología nacida únicamente para sostener esta nueva economía digital, sino que como otras muchas tecnologías de cadenas de bloques su principal finalidad es almacenar y gestionar cadenas de datos de forma descentralizada y distribuida.
Blockchain cuenta con una serie de características que serán en definitiva las que nos proporcionen las ventajas la convertirán en una tecnología de utilidad en varios campos de aplicación: privacidad, (cuasi) anonimato, integridad, distribución de la confianza, transparencia, seguridad, sostenibilidad y código abierto. Si bien está claro que su aplicación más extendida hasta el momento está en el campo de las finanzas, y más concretamente las criptomonedas, también puede resultar de gran utilidad para muchos otros campos fuera y dentro de los gobiernos, particularmente todo aquello relacionado con la identificación personal o la protección de los datos personales mediante la descentralización de la privacidad.
Con respecto a la mejora de los gobiernos blockchain puede contribuir en muy diversas áreas tales como la prestación de servicios públicos, la autenticidad de los registros públicos, la gestión de los datos del sector público, la lucha contra la corrupción o las garantías en los procesos electorales entre otros. Son también ya decenas los ejemplos de emprendedores aplicando la tecnología para innovar en campos tan importantes como la sanidad o la agricultura.

En definitiva, blockchain es una tecnología con el potencial de transformar nuestros sistemas políticos y al mismo tiempo habilitar cambios sociales relevantes. Pero, como pasa también con cualquier otra tecnología disruptiva y todavía en fase de maduración, no todo son ventajas y nos encontraremos también algunos inconvenientes y limitaciones que también habrá que superar, como por ejemplo los problemas de escalabilidad, el alto coste computacional y de interconexión que soportan las operaciones, el impacto medioambiental asociado a ese coste, la excesiva centralización de cada cadena o la alta complejidad de los procesos criptográficos.
Por otro lado, aun cuando blockchain se ha convertido rápidamente en la tecnología de moda y a pesar de la aparente simplicidad del concepto subyacente, sigue siendo al mismo tiempo una de las tecnologías más crípticas e incomprendidas por parte de sus potenciales beneficiarios en la actualidad. Por tanto, para que estas tecnologías de gestión de datos descentralizadas se puedan popularizar en un futuro próximo será también necesario afrontar otro tipo de barreras de entrada de tipo más estructural relacionadas con la necesidad de más formación, una mejora en la usabilidad, mayor capacidad de adaptación institucional o el desarrollo de los cambios regulatorios necesarios para darle soporte.
Si quieres saber más de blockchain, puedes leer nuestro informe Descubriendo las claves de blockchain.
Vivimos en un mundo conectado, donde todos llevamos encima un dispositivo móvil que nos permite capturar nuestro entorno y compartirlo con quien deseemos a través de redes sociales o distintas herramientas. Esto nos permite mantener el contacto con nuestros seres queridos aunque estemos a miles de kilómetros de distancia, pero… ¿Y si aprovecháramos también esta circunstancia para enriquecer las investigaciones científicas? Estaríamos hablando de lo que se conoce como ciencia ciudadana.
La ciencia ciudadana busca “involucrar al público general en actividades científicas y fomentar la contribución activa de los ciudadanos a la investigación a través de su esfuerzo intelectual, su conocimiento general, o sus herramientas y recursos”. Esta definición está extraída del Libro verde de la ciencia ciudadana, elaborado en el marco del proyecto europeo Socientize (7PM), y nos muestra algunas de las claves de la ciencia ciudadana. En concreto, la ciencia ciudadana es:
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Participativa: Ciudadanos de todo tipo pueden colaborar de distintas maneras, a través de la recogida de información, o poniendo a disposición de la investigación su experiencia y conocimiento. Esta mezcla de perfiles genera una atmosfera perfecta para la innovación y los nuevos descubrimientos.
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Voluntaria: Dado que la participación suele ser altruista, los proyectos de ciencia ciudadana necesitan estar alineados con las demandas e intereses de la sociedad. Por ello son habituales los proyectos que despierten la conciencia social de los ciudadanos (por ejemplo, aquellos relacionados con el ecologismo).
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Eficiente: Gracias a los avances tecnológicos que mencionábamos al principio, se pueden capturar muestras del entorno con mayor ubicuidad e inmediatez. Además, se facilita la interconexión, y con ello la cooperación, de empresas, investigadores y sociedad civil. Todo ello repercute en una reducción de costes y unos resultados más ágiles.
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Abierta: Los datos, metadatos y publicaciones que se generan durante la investigación se publican en formatos abiertos y accesibles. Este hecho hace que sea más sencillo reutilizar la información y repetir investigaciones para garantizar su veracidad y solidez.
En definitiva, con este tipo de iniciativas se busca generar una ciencia más democrática, que responda a los intereses de todos los implicados, pero sobre todo de los ciudadanos. Y que genere información que se pueda reutilizar en pro de la sociedad. Veámoslo con algunos ejemplos:
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Mosquito Alert: Este proyecto busca luchar contra el mosquito tigre y el mosquito de la fiebre amarilla, especies transmisoras de enfermedades como el Zika, el Dengue o el Chikungunya. En este caso, la participación ciudadana consiste en enviar fotografías de insectos observados en el entorno y que son susceptibles de pertenecer a estas especies. Un equipo de profesionales analiza las imágenes para validar los hallazgos. Los datos generados permiten monitorizar y realizar predicciones sobre su comportamiento, lo cual ayuda a controlar su expansión. Toda esta información se comparten de manera abierta a través de GBIF España.
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Apadrina una roca: Con el objetivo de favorecer la conservación del patrimonio geológico español, los participantes en este proyecto se comprometen a visitar, al menos una vez al año, el lugar de interés geológico que han apadrinado. Tendrán que avisar de cualquier actuación o amenaza que observe (anomalías, agresiones, expolio de minerales o fósiles…). La información ayudará a enriquecer el Inventario Español de Lugares de Interés Geológico.
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RitmeNatura.cat: El proyecto consiste en seguir los cambios estacionales en las plantas y los animales: cuándo se produce la floración, si aparecen nuevos insectos, si hay cambios en la migración de las aves... El objetivo es controlar los efectos del cambio climático. Los resultados se pueden descargar en este enlace.
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Identificación de asteroides cercanos a la tierra: Los participantes en el proyecto ayudaran a identificar asteroides utilizando imágenes astronómicas. El Minor Planet Center (organismo de la Unión Astronómica Internacional encargada de los cuerpos menores del Sistema Solar) evaluará los datos para mejorar las órbitas de dichos objetos y estimar de manera más precisa la probabilidad de un posible impacto con la Tierra. Puedes ver algunos de los resultados aquí.
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Arturo: Un área donde la ciencia ciudadana puede aportar grandes ventajas es en el entrenamiento de inteligencias artificiales. Es el caso de Arturo, un algoritmo de aprendizaje automatico diseñado para determinar cuáles son las condiciones urbanísticas más óptimas. Para ello, los colaboradores deberán contestar a un cuestionario donde escogerán las imágenes que mejor se ajusta a su concepto de un entorno habitable. El objetivo es ayudar a técnicos y administraciones a generar entornos alineados con las necesidades de los ciudadanos. Los datos generados y el modelo utilizado se pueden descargar en el siguiente enlace.
Si estás interesado en conocer más proyectos de este tipo puedes visitar la web Ciencia Ciudadana en España cuyo objetivo es aumentar el conocimiento y visión sobre la ciencia ciudadana. En ella participan el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, la Fundación Española para la ciencia y la Tecnología y la Fundación Ibercivis. Un vistazo rápido a la sección de proyectos te permitirá conocer qué tipo de actividades se están llevando a cabo. Quizás encuentres alguna de tu interés...
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